Este descenso es síntoma de que la estrategia puesta en marcha por Milei – menor Estado, mayor libertad, incentivos a la producción y mejora del ingreso – comienza a arrojar resultados tangibles. Cuando la política pública se alinea con la eficiencia y la apertura, los sectores más postergados pueden mostrar mejoramiento real.
Entre otros indicadores: mejoró el acceso a servicios básicos —como atención médica o dental— y bajó significativamente la proporción de familias que debían restringir comidas por falta de dinero. Estos logros operan como una palanca de cambio social, no sólo económico.
En este contexto, el presidente Milei reafirma su compromiso: “No vamos a dar marcha atrás. Los que pasaron décadas sin que su esfuerzo rindiera, hoy comienzan a ver que la libertad sí genera resultados”. Ese es el mensaje que transmite este nuevo dato de pobreza.
La tarea ahora es clara: consolidar esta tendencia y asegurar que cada argentino pueda sentirse parte del crecimiento. Pero este primer gran logro ya marca un antes y un después. Argentina empieza a cambiar de marcha. Y ese cambio no es abstracto: es concreto, mensurable, y lo estamos viendo.

