El entendimiento fue rubricado en Nueva York por el canciller Pablo Quirno y el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau, en representación de los presidentes Javier Milei y Donald Trump, durante la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El objetivo central es conectar los sectores productivos más importantes del país con los puertos del Atlántico y con los mercados occidentales. El corredor apunta a vincular el noroeste argentino, con fuerte presencia de minerales críticos, y la cuenca energética de Vaca Muerta, mediante ferrocarriles, oleoductos, gasoductos, puertos, redes eléctricas y tecnología digital.
este acuerdo representa una señal clara del cambio que vive la Argentina: reglas más previsibles, apertura al mundo, seguridad jurídica y confianza internacional. También confirma el rol del RIGI como herramienta clave para atraer grandes inversiones, con beneficios fiscales, comerciales y cambiarios de largo plazo.
El Corredor Andes-Atlántico muestra una Argentina que deja atrás el aislamiento y vuelve a integrarse a las cadenas globales de valor. Más infraestructura, más energía, más minería, más conectividad y más exportaciones: ese es el camino para convertir los recursos del país en desarrollo, empleo y crecimiento real.

